No explico el amor

Estaba en la bruma

al lado de mi amor

esperando el perdón

de quien tiene mi energía y la guarda cruda.

Tenía una visión

de lo que me sostiene

si el peso es perderme

las manos tocan lo que tiene la razón.

Cómo pierdo

nada siente

si soy complaciente

la duda es lo que me da lo cierto.

Mi amor regresa

cada mes sube

y cada domingo sufre

acostado en una cama de color turquesa.

El perdón nunca llega

a menos que se mire

en la distancia que transpire

ahí no se necesita la ansiedad de la entrega.

Soy la entrega

la raíz viva

de una montaña cursiva

en la que me siento cuando el talón reniega.

Hay curvas siempre

mi amor no es tierra

es agua en la posguerra

y se deja caer en momentos breves.

No está segura

si la malla cumple

lo que ni al nacer supe

que era para construirme sepultura.

Me muero

mi amor sigue

y ya no persigue

porque todo vuelve a empezar en enero.

Gobierna libertad

No tengo inspiración porque estoy gateando en el suelo duro de ciudad. Lo que sale de aquí es solo del ego porque no hay silencio al rezar. Nunca he sido realista, prefiero tener una imagen de cuerpo plácido en la cabeza que enfrentarme a lo que he construido como mi identidad, y no me gusta; por eso estoy tratando de destruirla. Pero no quiero irme porque es un salto al vacío, ¿si no soy yo entonces quién soy? Quién me va a dar la seguridad que me da la repetición de una misma situación, día con día. Las personas son peligrosas, para qué me arriesgo; yo no soy suficiente para encajar, para que me quieran, para ser divertida y subirme a bailar en la pasarela de los conflictos. Sin embargo, he probado el sabor a adrenalina cuando no tienes suelo y lo único que haces es caer, cuando culmina solo levito en la oscuridad de un día que ha acabado como tiene que acabar, un día tan lleno y bien alimentado que no cabe una sonrisa más, si no exploto.

Aquí el ego y todo el mundo me dice que estoy loca por haber escrito que quiero rozar mi cuerpo desnudo con el pasto sin estética. Pero de pronto no está el ego, de repente aparece ese llamado a temblar dejando todas mis penas en el suelo y sonreírles a los desconocidos. En la ciudad no lo puedo hacer pero me sirven los vínculos y las montañas que nunca me han abandonado. Protégeme ego pero no te subas al trono, ahora yo gobierno.

Uña rota

La uña rota está débil por más que me alimente bien. Aún no puedo ir al baño todos los días. Sé que hay algo que no quiero soltar, el intestino solo reproduce el plano de mi mente. Aquí no tengo cortaúñas, ojalá Valentina me preste uno aunque ella siempre va al salón de belleza a arreglarse las uñas. Yo me siento tan alejada de eso, quisiera ser ella, preocupada por mantenerse bonita mientras su esposo trabaja y llega por la noche con cansancio pero con brazos dispuestos a abrazar. Yo no tengo nada, solo la uña rota y el estómago inflamado.

Mi papá me llama cada semana, hace años que no está en casa y eso es bueno porque ya no se respira sangre en la casa, sin embargo, mi hermana tiene demasiada libertad. El otro día trajo un hombre a la casa y mi mamá no le dijo nada. Los complejos desaparecen la dignidad dada de poner límites. Mi mamá piensa que es mala madre porque no nos pega, yo pienso que la fuerza del carro que ya no quiere andar no surge de un hombre agotado intentando forzar lo imposible.

Estoy juzgando a mi hermana porque quiero distraer mi mente de la ausencia de luz. Tengo ganas de que el cielo se reproduzca y haga de paisaje del ojo de mi imaginación. Si todo es tan claro, tan azul, tan puro; no habrá maneras de que me vuelva a perder. Sabré por qué mi uña se partió a pesar de las vitaminas que me tomo cada mañana y por qué mi cuerpo insiste en parecer una pelota solo porque no quiere abandonar, quiere aferrarse.

¿A qué? Valentina bebe alcohol todas las mañanas, tal vez no es tan feliz como pienso. Para ella el cielo es ignorar con uñas bonitas que no le haya sentido a su existencia, así como yo espero que cada noche aparezca un sueño que me diga qué hago aquí. Pero el alcohol no tiene las respuestas y el subconsciente solo crea escenas graciosas en las que el personaje de un programa que veía en la infancia se pone a bailar mientras yo grito todo lo que no puedo gritar en el mundo real.

Me corto la uña, creo que fue demasiado porque se cae completa. Tengo un dedo desnudo y el dolor es muy intenso y me pongo a gritar como en mis sueños. Mi mamá entra asustada, mi hermana no está porque está con un hombre no sé dónde. El dedo se parece a un bebé recién nacido que solo sabe ser vulnerable y a mi me duele ver tal inocencia. Aparece la sangre que no habitaba desde que mi papá se fue, parece que no termina, solo hay rojo en la habitación. Mi mamá trae implementos para limpiar mis heridas, ya es experta en el desborde de lo que sangra. Sin embargo, la sangre no para, nos estamos bañando en ella y de repente se hace de noche y mi boca bebe lo que sale de mí, por el dedo.

Mi mamá descansa y siempre a descansado porque yo soy la experta en tragar heridas. Así se elimina toda evidencia de que alguna vez el cuarto se diluía en una imagen sangrienta. Respira y me agradece y yo miro al cielo esperando ver estrellas pero solo hay oscuridad, y me recuerda lo vulnerable que soy ¿Qué hago acá? Lo que me depara es el cielo oscuro, no hay un camino, solo negrura y un peso en el estómago que nunca puede digerir porque lo alimento con sufrimiento ancestral.

Noche fértil

Corriente, la flor se abre y se cierra mientras me rozo y las yemas tienen un color rojo en la punta. Intento soltar en vez de contraer, un cambio de rutina, a ver qué sale. El resultado, un éxito.

Lo evidencia son las respiraciones que me escucho a mí misma experimentar y hasta la punta del dedo del pie conoce mi maestría en el movimiento dulce pero intenso.

Lo que es bueno es la corriente de pequeñas punzadas cuando paso los dedos en el camino entre el pecho y el estómago, ahí todo se hace pequeño, hasta los poros de la piel se unen para recibir más sensación.

El vientre intenso quiere que siga, no soy yo la que hace el trabajo, es que he permitido entregarme a lo que no digo en voz alta. Ahí el cuerpo lo sabe y se lubrica para hacerme saber que quiere respirar lo humano y fundirse con disfrute en una combinación exaltada de una piel que está más roja.

No es el sol, es el calor que da vida y que me corre, buscando el secreto de las diosas que salían con su pecho desnudo y la cabeza arriba, mirando al cielo que sabe que está en la tierra, solo se entrega.

Libertad de lluvia

La ventana es un cuadro melancólico. Solo invita a escribir azul. Los cerros se ocultan en las nubes que se hayan amontonadas en el cielo sin dejar ver ni una pizca de cielo. Lo que me molesta es que estar en mi casa con esta alma de aire me impide hallar calma en la lista satisfactoria de cosas por hacer hoy. No está lloviendo pero es como si lo estuviera, lo gris evoca el agua cayendo. ¿Qué me impide salir? Los comentarios de protección que me hacen sentir débil. Desde cuándo le huimos tanto a la lluvia, a las calles llenas de charcos. Dirás que estoy loca, es que la vida está muy aburrida y quiero esa locura de ser niña y saltar en la suciedad y llegar goteando a mí casa con una sonrisa de la aventura de vivir. Hace frío pero lo que siento no es frío, es fuego sin orden, sin conveniencia, sin practicidad, en riesgo de que se apague por un resfriado o por alguna mirada que juzga. Yo solo lo dejo ser y le lanzo papeles con escritos de que las prisiones son muy pequeñas y nos encerramos voluntariamente en ellas. Así va desapareciendo mi prisión, poco a poco, reja por reja y yo espero, todos los días, cada mañana, a salir con una tormenta para dejarme mojar por ancestros y misterios humanos resueltos, no hay nada más verdadero que el alma exaltada por un presente. Y que me queme un rayo si miento.  

Tristeza de un apego ilusorio

Hacía mucho no me daba una tristeza que fuera tan consiente. Siempre me voy por el lado del latido rápido y transpiraciones. Ahora que navego y que mi canoa negra no se distingue en el río, debo pintarla de algún color que se vea, tal vez un rojo o amarillo. El blanco se ve pero es muy limpio para pasar el tiempo que le queda, cualquier mancha lo distorsiona. La tristeza es la pérdida de algo, tampoco puedo pintar la canoa de azul porque se va a diluir con el color del río y se va a perder.

Perdí un amor que deseaba, y ya me huele a pescado muerto que necesito comer para seguir en este viaje sin remos. Estoy perdida, sola, callada, reteniendo, sosteniendo. En realidad no necesito remos, aunque mi plexo solar piensa que sí, que necesito algo que satisfaga esta necesidad porque no ha dicho yo puedo.

La tristeza no necesita remos, solo se empuja con la corriente, pero el agua está de luto, por eso tampoco habla; sin embargo, encuentro el pescado, me lo como crudo, me falta saliva para abarcar lo desagradable. Ahora solo falta digerirlo, no quiero tragar lo que me lastima, puedo hacerme creer que es un postre delicioso y que me ama. Ya no quiero vivir en ilusiones, por eso quien me bendice me ayuda con el estómago, hace su trabajo. Cuando la digestión se complete la canoa se convertirá en aletas.

Cuando quiero vuelvo al ruedo aunque sin un pedazo de mí, solo haría falta mover las extremidades con violencia para que en el agua caigan todos los alivios artificiales. No olvidar que se puede vivir sin la adhesión que actúa como una vida plena que nadie consigue pero que todo corazón extraña. Me da tristeza porque perdí algo que no había encontrado.

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Me levanto a mí misma

El consuelo de los brazos que son el yo sacado de la lucha que ya no quiero dar y me sigo colgando en lazos inseguros porque aún hay vacíos que no se deberían llenar para el alivio de hallarme en la soledad untando fresas en lo oscuro con un sabor amargo que es consecuencia de que me estoy distrayendo cuando tenía un enfoque establecido con calidad de árbol sabio con sus raíces claras y no temiendo que cualquier viento lo haga caer y se vea como mi mente que le gusta rodar sin fin hacia el amargor del chocolate que no logró completarse porque si estuviera completo no estaría cayendo tan bajo.

Amor claro

La pregunta que me hago

si veo las cosas con claridad.

O estoy envuelto en la novedad,

de un suceso que empalago.

Yo sé que no pasa siempre,

la conexión de dos cuerpos resonantes.

Mi duda tiene parlantes,

por un vacío impaciente.

No dejo de pensarla.

Bombeo amor y placer en un camino lleno de pinzas,

las pinzas me someten en todas las esquinas,

Menos cuando dejo de buscarlas.

El cuerpo quiere recordar lo que no le conviene.

Quisiera verla en su total verdad,

con unos límites que debo colocar.

Los límites son invisibles para lo que se siente.

Qué hago en esta dualidad,

hago fuerza para que no me deje absorber.

Es una fuerza que busca perder,

la razón pero también la soledad.

Quiero dejarme llevar,

hundirme en su ser caliente.

Callado, solo presente,

para eso debo confiar.

Me encomiendo a Ganesha,

para que mis obstáculos brillen en ausencia.

Los mismos que construí en la carencia,

de una ilusión de certeza.

Le escribiré mi prueba,

si puedo le contaré mi historia.

La historia de un corazón con paranoia,

que ahora solo es un poema.

Abrigo pesado

—Tenía un montón de abrigos, mira, no me había dado cuenta de que tenía un montón de abrigos y me estaba ahogando del calor.

—Pero ¿Cómo no te habías dado cuenta? ¿No era algo obvio?

—No lo era tanto.

-—¿Por qué?

—Es que era confort, estar tan protegida por capas y capas me hacía sentir segura.

—Entonces, ¿Por qué te los quitaste?

—Porque no podía moverme bien, eran muy gruesos, me costaba hasta caminar, no podía ver donde ponía mis pasos.

—Vaya, entonces ahora debes estar mejor.

—Siento frío.

—Entonces vuélvete a poner alguno al menos.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque me quitará el movimiento que he conseguido, sí, tengo frío, estoy vulnerable, pero he respirado un aire que entra por abajo y se convierte en libertad cuando suspiro por la satisfacción de sentirme viva.

—Es interesante, todos buscan seguridad pero no han descubierto que los está limitando tanto.

—Es verdad.

—¿Y necesitas quitarte algo más o ya estás bien de clima?

—Quiero ir más lejos.

—Te vas a congelar.

—No creo, mira, algún día saldré desnuda a la calle, no ocultaré nada, todas las máscaras se destruirán.

—Te van a mirar mal.

—Lo sé, pero eso es lo de menos.

—Te vas a resfriar.

—Parte del proceso.

-—¿Desde cuándo uno puede sentirse tan cómodo con el frío?

—El frío no existe cuando el interior arde fuego en un agua que se desborda con la pasión de saber que nada la detiene.

—El fuego no arde en el agua.

—Déjalo, el oxímoron se explica cuando el calor pesado de lo creído se esfuma y me permito reinventar.

—Ahora me dio calor.

—Ya sabes que hacer.

Deja pasar la ola

Deja pasar la ola, nada va a pasar. Si no la dejas ella vuelve con más fuerza hasta el punto en que te puedes ahogar.

¿Pero qué tengo que hacer? Las tareas son interminables, la vida parece una torre de naipes que se cae todo el tiempo y que tengo que volver a armar continuamente. Deja pasar la ola.

¿Qué hago si es una ola muy grande? Me preguntas y no te lo puedo responder con palabras, puedo dibujarte lo que es mirar lo inabarcable sintiéndote parte de él. Cuando pase la ola te daré una medalla, es una victoria más.

Yo no desesperé por aquella ola de junio que me movía de un lado al otro sin control. Lo mejor es dejarte llevar, no se logra nada con mover tus brazos con el trabajo imposible que les das de hundir la ola en la ilusión de lo que desaparece. Con los brazos cómodos bailando con la marea ganaras mi medalla y la habilidad de confiar.

Deja ser a la ola, no tiene la culpa. Todo lo que se intenta domar siendo salvaje por naturaleza pierde balance, entre más olas dejes pasar más tranquilas se volverán. Y nadarás como yo nadé en el cumpleaños del cielo: liviana y con labios rojos sonrientes.